Al volar de Londres a Madrid, me encontré en un vuelo operado por Iberia que resultó ser más confuso que lujoso. El billete fue vendido originalmente por Finnair como parte de un itinerario más largo, y cuando decidí mejorar a clase business el trayecto de Iberia, las cosas se complicaron. El sistema de reservas de Finnair perdió por completo el rastro de mi vuelo Londres-Madrid. Hizo falta un pequeño ejército de empleados de Finnair en Helsinki para reconstruir lo sucedido, solo para garantizar que mi equipaje facturado pudiera hacer el viaje. Irónicamente, la única aerolínea que podía ver el itinerario completo era la propia Iberia, un fallo curioso para dos socias de oneworld que supuestamente comparten datos de forma fluida.
Cabina y asiento

Una vez a bordo del Airbus A350, mi primera impresión de la cabina de clase business de Iberia fue… sombría. La paleta de colores general era de un azul marino profundo, casi opresivo, que le daba a la cabina una sensación lúgubre y ligeramente deprimente. Los asientos, aunque modernos, carecían de privacidad. Al reclinarse en modo cama, mis piernas tenían acceso directo al pasillo, nada ideal si valoras un descanso sin interrupciones. Podía imaginar fácilmente las mantas y los pies de los pasajeros invadiendo el pasillo durante la noche en vuelos más largos.

El espacio de almacenamiento fue otra decepción. No había mucho sitio para guardar objetos personales, lo que hacía que el espacio pareciera estrecho a pesar de estar en clase business. La tripulación de cabina, además, parecía solo a medio implicar: lo bastante educada, pero más interesada en charlar entre sí que en ofrecer un servicio proactivo.
Entretenimiento

En el lado positivo, el sistema de entretenimiento de Iberia fue genial. La gran pantalla era nítida y respondía con rapidez, ofreciendo una sólida selección de películas y programas. Los auriculares con cancelación de ruido incluidos funcionaron bien, aislando eficazmente el zumbido de los motores del A350 y las charlas ocasionales provenientes del galley.

Comida y bebida

El servicio de comida ofrecía dos opciones, ambas de primer nivel para los estándares europeos. El catering de Iberia sigue impresionando, incluso en rutas más cortas. Lo más destacado, no obstante, fue la carta de bebidas: sirven una amplia variedad de bebidas alcohólicas, incluido mi favorito personal: la Crema de Alba, un licor de crema español que supera con creces al Bailey’s. Suave, dulce y peligrosamente fácil de beber.

Conclusiones finales
Aunque la clase business de Iberia en el A350 gana puntos por una buena comida y un sólido sistema de entretenimiento, la experiencia general se vio empañada por una cabina lúgubre, la falta de privacidad y una tripulación indiferente. Si a esto le sumamos el frustrante caos previo al vuelo provocado por el sistema de ascensos de clase de Iberia, se puede decir con certeza que el viaje no estuvo del todo a la altura de las expectativas de una «clase business».
Y por si fuera poco, perdieron mi maleta. Pero esa es una historia para otro post…







