Asociaciones del sector aéreo y del turismo advierten de que el nuevo Sistema de Entradas y Salidas de la Unión Europea podría provocar graves demoras en los controles fronterizos de los aeropuertos este verano, transformando la implantación de una tecnología de control migratorio en un serio problema operativo y de experiencia para los pasajeros en toda Europa.
El control fronterizo se convierte en una preocupación para las aerolíneas
El Sistema de Entradas y Salidas, conocido como EES por sus siglas en inglés, exige a los viajeros extracomunitarios que ingresan en el espacio Schengen el registro de datos biométricos y del pasaporte. Aunque el sistema persigue modernizar los controles en frontera, sus primeros pasos han desatado alertas por parte de aerolíneas y entidades del sector turístico ante el riesgo de tiempos de tramitación sensiblemente superiores en aeropuertos y pasos fronterizos.
La publicación Aerospace Global News señala que la IATA ha alertado sobre posibles demoras de hasta seis horas si no se solucionan los problemas de personal, infraestructuras y fallos técnicos. Otros medios especializados han descrito colas en puertos y aeropuertos desde las primeras pruebas del sistema, y algunas autoridades apuntan a que la estabilización de los procedimientos podría demorarse bastante tiempo.
Por qué preocupan a las aerolíneas las colas de pasaportes
A primera vista, el control de fronteras parece una competencia exclusivamente gubernamental ajena a las aerolíneas. En la práctica, repercute directamente en ellas. Las prolongadas esperas en inmigración provocan pérdidas de enlaces, salidas demoradas, terminales saturadas, tensiones en la operativa de tripulaciones y servicios de asistencia en tierra, y el malestar de pasajeros que responsabilizan a la compañía aun cuando el colapso escape a su control.
Esta situación cobra especial gravedad durante la temporada estival. Los aeropuertos europeos operan al límite de su capacidad en los periodos vacacionales punta, y numerosas compañías dependen de una rotación muy ajustada de sus aeronaves para asegurar la rentabilidad de su programación. Si los pasajeros entrantes tardan mucho más en completar los trámites migratorios, las salas de recogida de equipajes, los pasillos de llegada y los circuitos de tránsito pueden colapsar.
Los aeropuertos secundarios podrían acusar un mayor impacto
El impacto no se distribuirá de forma homogénea. Los grandes centros de conexión disponen de más dotación de personal y procesos automatizados, si bien gestionan volúmenes de tráfico muy superiores. En cambio, los aeropuertos más pequeños y los destinos turísticos estacionales afrontarán una adaptación más compleja si no cuentan con quioscos biométricos suficientes, agentes de control fronterizo o espacio adecuado para albergar las colas.
Esta cuestión afecta directamente a operadoras como easyJet, Ryanair, Wizz Air, Jet2, TUI, British Airways, las aerolíneas del Grupo Lufthansa, Air France-KLM y numerosos operadores regionales. Una dinámica reiterada de retrasos en el control de pasaportes desemboca con rapidez en un problema generalizado de puntualidad en toda la red, cuando aviones y tripulaciones deben encadenar rotaciones a lo largo de la jornada.
Los pasajeros necesitarán mayor margen de tiempo y flexibilidad
Para los viajeros de fuera de la UE, la recomendación práctica aconseja actuar con cautela. Contar con mayor tiempo entre conexiones, acudir al aeropuerto con mayor antelación y prestar máxima atención a los avisos de aerolíneas y autoridades aeroportuarias resultará determinante en las semanas de mayor tráfico. Aquellos pasajeros que enlacen con otro vuelo dentro de Europa tras llegar desde fuera del espacio Schengen deberán extremar precauciones si su itinerario contempla una escala ajustada.
La problemática afecta igualmente a los viajeros frecuentes de mayor categoría. Disponer de estatus élite agiliza la facturación, los controles de seguridad, el embarque o el acceso a salas VIP, pero no exime de someterse a los controles de inmigración. Incluso los pasajeros que vuelan en cabinas prémium comprobarán que la etapa más lenta de su periplo puede ser la cola de control de pasaportes.
Un despliegue tecnológico con repercusiones comerciales
El EES no es un cambio de producto atribuible a las aerolíneas, pero influirá de lleno en la experiencia de vuelo este verano. Si la implantación se desarrolla sin sobresaltos, los viajeros apenas la percibirán una vez completado el registro inicial. Si, por el contrario, las largas colas persisten, las aerolíneas sumarán un nuevo quebradero de cabeza operativo en un ejercicio ya condicionado por los elevados precios del queroseno, los desvíos por restricciones de espacio aéreo y la escasez de flota.
La lección de fondo es que la fiabilidad de la aviación comercial no descansa únicamente en aviones y tripulaciones. Los sistemas de control fronterizo, las plantillas aeroportuarias y la tecnología gubernamental determinan si un viaje se percibe fluido o caótico. Para las aerolíneas europeas, el EES se ha erigido en una variable crítica más a gestionar durante la temporada de mayor actividad del año.







